¨En tercer lugar, artistas mujeres que realizaron una obra con una iconografía transgresora de los parámetros existentes, con representaciones en que la mujer ocupa un espacio inédito, pero que no admiten ser identificadas como feministas ni como mujeres: sólo como artistas. Es el caso de Raquel Forner. En sus representaciones de la Guerra Civil española o sobre la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra, ella incorpora el cuerpo de la mujer en representaciones que en la tradición iconográfica existente se habían asociado al cuerpo masculino. Coloca el cuerpo de la mujer en el lugar del cuerpo de Cristo. Representa a la mujer con estigmas y heridas equivalentes a las de la crucifixión; introduce cuerpos femeninos sufrientes que asumen el drama de la humanidad. Todas estas representaciones se constituyen como el depósito representacional de las heridas de la guerra. En vez del frente de batalla en acción o posterior a la derrota, con hombres en armas o cadáveres, Forner representa la guerra desde formulaciones alegóricas que condensan en el cuerpo sangrante la pulsión entre la vida y la muerte. En numerosas ocasiones, de las manos heridas emergen flores rojas como un signo futuro, de esperanza. Sin embargo, y más allá de estas iconografías elocuentes, Forner se resistía a emplear la palabra ¨mujer¨ en la caracterización de su obra. Las razones de esta separación entre una obra poderosamente femenina y una política del feminismo pueden entenderse desde la búsqueda de una posición de poder que caracterizó a muchas mujeres artistas durante los años de la inmediata posguerra. Una posición que, aunque no se lo declarase, resistía la distribución no equitativa del mundo del arte y buscaba competir en pie de igualdad.¨

Feminismo y Arte Latinoamericano.
Historia de artistas que emanciparon el cuerpo.
Andrea Giunta