El historiador debe convertirse en un Trapero de la memoria, el que recoge deshechos, aún los más humildes y despreciados, colecciona cosas heteróclitas y toda clase de harapos sucios. Indisociable del coleccionista, se halla el niño y su impetuosa práctica dirigida a gestar sin tregua nuevas colecciones. El niño, escribe Benjamin corroborando su razonamiento, se siente irresistiblemente atraído por los deshechos. En esta actividad del niño, o del Trapero, todo es anacronismo porque todo tiene la dimensión de la impureza y es en esta donde perdura o mejor, sobrevive el pasado.

Ante el Tiempo: historia del arte y anacronismo de las imágenes.
Greorge Didi-Huberman.